CLASES DE GUITARRA A DOMICILIO

lunes, 24 de octubre de 2011

LAS HEMBRAS DEL CIMARRÓN de MARCO LÚBRICO

EL AUTOR
Marco Lúbrico es un neurólogo heterodoxo, brillante y diabólico. Su vida privada resulta escandalosa, lee demasiado y es adicto a las mujeres, al ajedrez y a la música de Joaquín Sabina. Obsesionado con la idea de que la sociedad es la muerte del individuo, no tardará en convertirse en cimarrón, ese animal domesticado que huye y se hace salvaje.
EL ILUSTRADOR
A pesar de su juventud, el pintor asturiano Miguel G. Díaz (Oviedo, 1978) cuenta ya con una extensa trayectoria en el mundo de las artes plásticas. Su trabajo, influenciado por maestros como Jakson Pollok, Lucian Freud o Miquel Barceló, conjuga múltiples técnicas dentro de la estética moderna. Un pintor versátil, en definitiva, que no renuncia a la experimentación ni a la búsqueda incesante de nuevas técnicas y formas de plasmar la realidad o «deformarla —según manifiesta— en un continuo proceso de evolución y aprendizaje». A través de su arte «busca, y sigue buscando, decir la verdad.
EL LIBRO
En esta divertida novela el lector encontrará quintaesenciados, de forma episódica, todos los elementos de la literatura erótica encarnados en las más entretenidas aventuras sexuales. Como apunta la escritora Julia Olivares en el prólogo a esta edición, el autor consigue realizar una continua transgresión valiéndose de un lenguaje directo, lleno de precisión, ironía, cinismo y, bastante a menudo, de un sarcasmo casi sangrante. Un glorioso homenaje para todos los amantes del género, un frontal reencuentro con nuestros más oscuros tabúes.
BOOK-TRAILER:
ALGUNOS PASAJES DEL LIBRO..¡¡¡NO PERDÉRSELOS...ENGANCHAN!!!!
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1
Mudanza en mi costumbre

A la mitad del camino de mi vida me encuentro en un 
oscuro bosque en el que me he perdido
1
. Esto debe de ser 
un bautizo. 
Hay gente elegante y aburrida, dejan los regalos en la 
entrada, las bebidas están al fondo. Veo un farmacéutico 
de pueblo despistado, creo que busca el retrete. Mi mujer 
murmura con las otras que también sepultaron el amor; 
han olvidado los versos del capitán, tiraron sus trenkas 
de la facultad y ahora lucen joyas en lugar de pancartas. 
Un catedrático oxidado discute con dos abogados de 
pensamiento débil, sólo suelta tópicos pero los dice con 
solemnidad. El médico trepador sonríe y aplaude. 
Son todos unos mierdas. 
Estas fiestas te quitan ideas, te roban el ser, te juntan con 
imbéciles para hacerte cada día más imbécil. Me enredaron 
en este laberinto pero llevo tres cervezas y empiezo a verlo 
claro: ya no hay jardines ni princesas que buscar y todos 
mis caminos están marcados. Tengo que dar un golpe de 
timón, matar esta vida para vivir otra, si es que aún queda 
alguna.
La cerveza se transforma en whisky y esa noche me 
acuesto borracho y solo. Sueño con un viento marino, mi 
barco zarpa y palpo la inmensidad del océano. Despierto 
tarde, la resaca me sale por los ojos y escupo mi decisión 
ante el espejo: romperé lo que haga falta, no hay marcha 
atrás. Me voy. 
Qué puñeteros días, cuánto veneno. Me asaltan de 
reproches, me acorralan los comentarios y mi abogado 
calculando gananciales. Estos pleitos los ganan siempre 
ellas. 
Pero soy libre. Ma femme est morte, je suis Roi!

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2
La boca de Claudia

El mismo BMW, gris plata, pero hoy conduzco alegre, 
divertido. 
Claudia me desabrocha los pantalones, yo acelero, se 
inclina sobre mi asiento y hurga en mi bragueta con sus 
carnosos labios. Ya veo de lejos la playa nudista de Vera. 
En el vaivén de una curva, su boca se aprieta sobre mi pene 
tieso y no puedo ni quiero contenerme. Se lo traga. 
Hay un delicioso silencio hasta que levanta la cara, 
risueña de saberme complacido. Un resto de semen resbala 
perezosamente por su sujetador y mancha el asiento. La 
libertad era esto. 
La boca de Claudia la conozco de dos años antes. 
Ella es anestesista y también desayuna en el hospital. Pide 
churros, no tienen y se encoge de hombros, resignada. Veo 
sus labios, su lengua y sus dientes, bellos pero defraudados, 
esperando algo. Salgo a la calle, encuentro los churros, yo 
sabía dónde, y se los planto delante. 
Claudia me recompensa con ojos sorprendidos y 
radiantes. Y sigue mirándome, pícara, mientras mordisquea 
los churros con la cabeza inclinada, y sus rubios cabellos se

derraman por el mostrador. Esa escena se me graba como 
un hierro candente. 
La imagen de Claudia me persiguió, me mantuvo vivo, 
en los años oscuros, cuando la persona se diluye, triunfa 
el profesional, ejerce el esposo, se celebran primeras 
comuniones y se compran cosas inútiles. 
Llevo un mes separado y dos horas de siesta. Despierto 
en erección y pensando en Claudia: los sueños nos revelan 
deseos ocultos. La llamo por teléfono y la invito a café 
con churros. Ella ríe, comprendiendo, Claudia siempre 
comprende, sabe que de los símbolos emergen los sucesos. 
Ahora su boca soñada se está haciendo real, la estoy 
viendo, y la beso mientras entramos al hotel. Mis fantasías 
remotas toman vida, me ocurren, están subiendo nuestras 
maletas y la playa está al lado. Todo es verdad. Nadamos 
desnudos y jugamos entre las olas, nos acarician los últimos 
rayos de sol. 
Tumbados en la orilla pienso en lo que voy a hacerle, 
lo que me va a hacer, cuando subamos a la habitación. Toco 
su piel mojada y la urgencia se delata en mi mano. Ella lo 
entiende, Claudia siempre me entiende. Se levanta riendo, 
qué ágiles sus muslos blancos, qué libres se mueven sus 
pechos. 
En el ascensor nos miramos como animales, hay avidez 
y prisa por llegar, nuestros cuerpos tienen sed, me tiembla la 
llave en la cerradura. Se arrugan las sábanas, las manchamos 
de besos, de arena y de sudor, la habitación se inunda de 
palabras antiguas y caricias nuevas. No admite códigos el 
placer y nos lo bebemos como un licor fuerte, toda la noche 
bebiéndolo y escuchando el mar. Qué penetrante el olor del 
mar.

Claudia no es una mujer como las demás. Vive sin 
fronteras pero tiene una historia antigua, una fijación, una 
pasión turca, Yasud. Las mujeres siempre se enganchan con 
el que las desvirga, el primer amor se les imprime en el 
alma. 
Algo me había contado: que el moro emigró a Estados 
Unidos, que se conocieron en Denver, fue en el verano de 
COU, una semana loca en las Montañas Rocosas. 
Y quince años después, mientras desayunamos, me 
enseña una carta de Yasud que vuelve a España. Me alarmo 
porque se le reavivan aquellas lumbres. Claudia intenta 
explicármelo, sabe que es irracional pero necesita volver a 
verle. 
·Y es probable que me acueste con él ·me lo suelta 
así, a la cara·. Lo nuestro no tiene que terminar pero yo 
tengo que verle unos días. Porque sí, porque quiero hacerlo. 
Tú si quieres me esperas y si no, pues nada. 
Años después comprendería yo esos sentimientos 
contradictorios, pero ahora me resultan inexplicables, y 
no consiento que nada empañe mi vida con Claudia. Está 
obsesionada con atender al turco. Ha alquilado un apartamento 
para él, lo llena de comida y bebida, y se compra bragas y 
sujetadores que no usa conmigo. Yo nunca había sido celoso 
pero ahora empiezo a entender los celos, esa rabia que duele 
pero nos da la fuerza y la resolución de los locos. 
Estaba Claudia tan absorta y ajena a mis cuitas que 
no ocultó nada, ni el día que llegaba Yasud, ni su número 
de vuelo, y la oí telefonear para reservar el restaurante de 
bienvenida. Allí entré, qué poder tiene el amor, qué maldad 
hay en los celos, con una careta y pistola en mano, simulando 
un atraco¡¡

·–No se muevan! ·dije. 
Empecé a recoger carteras y joyas, y en la tercera mesa, 
la de ellos, volví a gritarles, no se muevan, al que se mueva 
lo mato, para justificar el disparo, entre ceja y ceja, por 
gilipollas, por moverse de Turquía y de Estados Unidos, 
qué coño hacía ese moro saliendo de su tierra para quitarme 
a Claudia. 
Ella llora sobre su cadáver y la gente se aparta 
dejándome paso. Yo salgo despacio, me siento valiente y 
libre. Mi instinto animal ha matado al macho que disputaba 
mi hembra, y descubro mi fuerza: puedo torcer o segar una 
vida, soy capaz de cambiar el destino. 
Mi crimen nunca fue descubierto, ni siquiera Claudia 
sospechó, pero se hundió en su desgracia, se rompió por 
dentro y la perdí irremisiblemente. Lo curioso es que ya no 
me importa, quizá porque en los celos hay más amor propio 
que amor, y yo estoy vengado. 
Siento ahora un placer intenso y primitivo, como el que 
se arranca la costra de una herida, y con el dolor le viene 
una sensación de alivio. Se han roto mis amarras, tú me 
enseñaste, Claudia, y ahora poseo tu bárbara libertad. 
He huido de la manada y nada me retiene. Me siento 
cimarrón, ese animal doméstico que se escapa, mata para 
comer y, al oler la sangre, rebrota la bestia apagada, y ya 
nunca volverá a la casa. 
Estoy libre y solo, sin código, ni tribu ni proyecto
¿DÓNDE COMPRARLO?
INFORMACIÓN EN

UN LIBRO CON UN TRANSFONDO ERÓTICO QUE NO DEJARÁ INDIFERENTE A ¡¡¡¡¡ NADIE!!!!

2 comentarios:

  1. No lo conocía, pero parece muy interesante. Un beso.

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  2. hola, paso a saludarte e invitarte a mi blog, de dejo el link por si le queres dar un vistazo http://darkgritorium.blogspot.com/ ^^.

    Un saludo te deseo, feliz semana

    ResponderEliminar

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