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martes, 10 de julio de 2012

EL ÚLTIMO ATLANTE de IVÁN MORA

EL LIBRO
 El antiguo relato reza así: escucha oh Sócrates un relato que aunque extraño, es desde luego auténtico, sobre un imperio grandioso y extraordinario donde un día moró una avanzada civilización. De esa manera hace 2400 años, Platón presentó uno de los más grandes misterios de la humanidad a través del Critias y el Timeo. En esos diálogos el filósofo griego describe el continente desaparecido de la Atlántida, una tierra utópica que en sólo un día y una noche fue engullida por el océano. En ella, una sociedad extremadamente avanzada a su época convivía en paz y armonía, gozando de las maravillas paradisíacas que abundaban en cada pequeño rincón. Multitud de especies animales acompañaban a sus habitantes, palacios de oro, marfil y plata se alzaban con sus reyes al frente. Contaban con manantiales con aguas frías y termales y hacían uso de la electricidad. Sus moradores eran excelentes marineros y navegaban por las aguas de todo el mundo antes de corromperse por su propio poder.
Aquellos relatos de Platón se sitúan aproximadamente 350 a A.C., quizás el pensador heleno no fuese consciente en aquel momento del enigma que se desataría en torno a ellos, muchos siglos después. Desde comienzos del siglo XX, muchos han sido los investigadores que han partido en busca de aquel mítico continente sepultado por el agua. La veracidad que otorga Platón a sus relatos ha provocado que la carrera por encontrar algún rastro de la Atlántida se haya incrementado en los últimos tiempos. Del mismo modo son decenas de cientos de libros en los que se abarca el misterio de la Atlántida así como las civilizaciones perdidas. Algunos de ellos, con ciertas tendencias ocultistas, que en su ímpetu por defender la tesis de la Atlántida, se remontan a una supuesta cadena de iniciados, en los que se ha transmitido de generación en generación algunas de las claves de las civilizaciones perdidas. Con los años nos hemos acostumbrado al triunfo constante del racionalismo, pero al mismo tiempo la creencia de una supuesta madre de todas las civilizaciones no hace más que crecer entre muchos investigadores. Durante siglos millones de personas han depositado su fe en doctrinas religiosas íntimamente relacionadas con la creencia en civilizaciones desaparecidas. Una parte de ese bagaje argumental está construido por suposiciones carentes de valor científico, pero apoyado por las creencias de una sociedad en parte dogmatizada. De la misma manera la ciencia ha ignorado, o no ha reconocido, algunas investigaciones llevadas a cabo acerca de la Atlántida, el origen de las civilizaciones y puede que de hasta la vida. Son muchos los investigadores que han dedicado sus vidas a seguir los rastros del continente perdido mediante las descripciones de Platón, algunos de ellos llegando a reunir suficientes pruebas para al menos continuar la búsqueda de las huellas de la Atlántida y de los atlantes.

Muchos de los investigadores, inmersos en la búsqueda de pistas del continente perdido, no reconocen hallarse envueltos en dicho proyecto. Puesto que, para algunos de ellos, la carencia de pruebas científicas convertirían sus investigaciones en algo ficticio. Otros tantos se muestran escépticos con el misterio que envuelve todo lo relacionado con la Atlántida. Pero los que realmente investigan  profundamente alegan nuevas pistas en el relato de Platón, ya no sólo en lo sucedido y su historia, sino incluso con sus supervivientes.
George Erikson, en su libro “Atlantis in América”, sostiene que algunos atlantes sobrevivieron al cataclismo de su tierra, huyendo y refugiándose en Centroamérica y Sudamérica. Refuerza su teoría a causa de los cambios arquitectónicos de los Maya en sus esculturas, a lo cual atribuye la influencia de los atlantes supervivientes. Antiguas leyendas Maya, describen la llegada por mar de nuevos pobladores llegados para fundar una civilización. Es curioso cuanto menos, que las leyendas Incas coincidan en ese mismo aspecto refiriéndose a nuevos habitantes también llegados por mar.
Durante todos estos años las investigaciones, buscando el rastro de la Atlántida, se han multiplicado. Muchos de estos investigadores no comparten la teoría de Erickson, pese a también buscar indicios de vida antigua en las aguas del Atlántico. Manejan dos teorías, la de un gran terremoto que la hundió hace ya 11500 años, o incluso la del impacto de un cometa contra la Tierra que originó un cataclismo sin precedentes acabando con todo rastro de vida. Esas teorías desecharían totalmente la hipótesis de unos posibles supervivientes.
Las investigaciones llevadas a cabo, han abarcado gran parte del Atlántico e incluso algunas zonas del Mediterráneo. Las Bahamas, Yucatán y la costa de Cuba, han sido las áreas donde los investigadores creen haber reunido suficientes pruebas para pensar en una enorme extensión de la Atlántida abarcando diferentes puntos del océano dada su dimensión.
Las Bahamas es uno de los lugares donde con más indicios se cuentan, corroborándolo multitud de investigadores. En Yucatán aún se cree que perduran herederos de aquellos atlantes supervivientes. Los esqueletos encontrados en unos antiguos cenotes, delatan una antigüedad entre 8000 y 13000 años situándolos entre los más antiguos de toda América. Algunos investigadores atribuyen esos esqueletos a antiguos atlantes, sus rostros son diferentes a todos los encontrados anteriormente, posiblemente de pobladores llegados a Centroamérica. Esos fragmentos de historia sin explicación, refuerzan enormemente la teoría de que ciertamente pudo haber supervivientes que escaparan a tiempo de la Atlántida. Al menos lo que sí demuestran es que hubo unos pobladores totalmente distintos a los conocidos hasta hoy.
Una de las claves parece encontrarse en la costa Oeste de Cuba. La investigadora oceanográfica Paulina Zelitsky, mientras llevaba a cabo parte de una investigación entre Yucatán y la península cubana de Guanahacabibes, descubrió los restos de lo que podría ser una  ciudad de unos 6000 años de antigüedad. Entre esos restos se encuentran unas estructuras con formas geométricas enormes, instaladas de una manera perfecta y que difícilmente se podría igualar hoy en día por el hombre. Todo ello se encuentra a una profundidad de unos 700 metros, lo cual dificulta enormemente la tarea de investigación. Entre las mismas se ha podido apreciar lo que parecen pirámides sumergidas, pedestales, grabados en sus piedras e incluso lo que podría ser un gran reloj solar, todo ello contrasta con la geología del lugar sin dar ninguna explicación lógica sobre su ubicación. Esto, no hace más que alimentar la leyenda de cualquier tipo de civilización antigua engullida por algún fenómeno desconocido, pero que contaban con una tecnología impropia para la época.
Puede que todas estas investigaciones alcancen una dimensión sin precedentes, debido en gran parte a un visionario de nuestros días llamado Edgar Casey. El norteamericano, anunció al mundo que en uno de sus sueños descubrió el paradero exacto del continente perdido. Con ello alega saber las paradisíacas características de esa tierra y sus gentes. Afirma que sus moradores dominaban la cirugía con rayo láser, contaban con embarcaciones que navegaban por aire y bajo el agua, utilizaban gases con los que podían levantar enormes piedras para construir templos. También afirma, que disponían de unos poderosos cristales que concentraban la energía del sol, proporcionándoles, luz, calor y electricidad. Casey se hizo muy popular con sus predicciones en los años 30 y 40, llegando a pronosticar datos acertados sobre la primera y segunda guerra mundial, la caída de la bolsa de Nueva York y la independencia de la India. Todo ello le llevo a ser respetado en todas cuantas predicciones formulara. Casey dio numerosas pistas sobre la ubicación de la Atlántida, seguidas hoy en día por muchos investigadores. Pero también predijo que en 1968 la Atlántida reflotaría a la superficie, evidentemente se equivocó. Aunque sorprendentemente en 1969, en las aguas de la isla de Bimini, frente a la costa de Florida, fue descubierta una formación rocosa a la que se le dio el nombre de Carretera de Bimini, y respecto de la cual aún se discute si se trata o no de una construcción humana.
Pero ¿y si todo fuera una invención de Platón?, tal vez solamente el filósofo griego buscara reflejar una Atenas con las virtudes que le gustaría que tuviera en su época. Podría ser, pero en distintas partes del fondo marino se encuentran restos de ciudades antiguas y eso es concluyente. Se puede ser escéptico o no, pero no se puede negar la realidad. Las investigaciones siguen revelando datos con los que tarde o temprano se terminará por conocer la verdad del origen de las civilizaciones. Platón hace constar que su desaparición es provocada por su  arrogancia al explotar las condiciones naturales del continente. Puede que hoy en día compartamos la arrogancia de aquellos seres, pudiendo hacer que se desencadene una hecatombe natural como la que engulló esa tierra.
Por otro lado cabe pensar la posibilidad de que, de haber sido así, de haber existido la mítica Atlántida, por qué no iban a haber supervivientes de aquella catástrofe que condenó a la isla. En el Último Atlante emulamos la historia de uno de ellos. De un atlante en nuestros días. Un superviviente que ha sido heredero de aquella extinguida raza y por cuyas venas corre la sangre de esos seres que parecían avanzados en miles de años a su época.


“El simple aleteo de una mariposa puede desencadenar un huracán  en el otro extremo del mundo” (teoría del caos)

EL AUTOR
  Nacido un 14 de Mayo de 1983 en Alicante, apasionado del misterio y la literatura. Estrenando primera novela.

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